Soleá (o soleares)
(De
soledad, y éste del lat. sólitas, —atis, aunque algunas opiniones
modernas apuntan a que podría venir del verbo solear, es decir, poner
al sol). Es uno de los pilares básicos del flamenco y su compás de doce
tiempos se ha extendido a otros palos. Su majestuosidad, riqueza
melódica y profundidad de ejecución hacen que sea muy interpretado por
los artistas. Es un baile solemne que se adapta muy bien a las
bailaoras, porque sus elementos principales son movimientos propios de
la mujer.
Los
movimientos típicamente femeninos, como los de brazos, ondulaciones de
caderas y quiebros de cintura, tienen una gran importancia.
Baile
Baile
puntero clasificado hoy dentro de los estilos flamencos más
significativos y muy apropiado para la mujer, ya que los movimientos
típicamente femeninos como los de brazos, ondulaciones de caderas y
quiebros de cintura tienen una gran importancia. Es el baile más dado a
utilizar marcajes, figuras y paseíllos. Sin embargo, en la actualidad,
el zapateado y los pateos también juegan un papel importante. Algunos
flamencólogos deploran la inclusión excesiva de taconeos en la soleá, a
pesar de lo cual la escobilla, que consiste en un aumento progresivo de
la velocidad y complejidad del zapateado en la parte central del baile,
es uno de sus elementos estructurales. Se diferencia de otros palos
flamencos en su solemnidad a la hora de interpretarlo; el sentimiento
pasa a un primer plano.
El compás de la soleá es un esquema básico de doce tiempos extensible a otros estilos flamencos del mismo grupo.
Guitarra
Las
soleares están basadas en la caña y el polo. La música que se toca es
la misma, únicamente cambian en los acordes. Molina y Mairena la
definieron en 1963 como un cante en tonalidad menor modulando a veces a
su relativo mayor y haciendo una breve pausa en la subdominante del
menor, para comenzar de nuevo. El acompañamiento de guitarra se realiza
preferentemente por arriba. Basada en la escala andaluza, sus tonos
suelen ser los siguientes:
Por arriba: MI – SI
Por medio: LA mayor – SI bemol
Cante
Debió
originarse durante el primer tercio del siglo XIX, para acompañar el
baile por jaleos, aunque con posterioridad se convirtió en cante para
escuchar, hasta llegar a ser considerado uno de los pilares básicos del
flamenco.
Las
letras tocan muchos temas, desde lo intranscendente a lo trágico.
Destacan las alusiones a la vida, el amor y la muerte. En rigor, no
debe hablarse de la soleá, sino del cante por soleá, o por soleares,
dada la cantidad de variantes y matices que posee. Pueden ser de Cádiz,
de Jerez, de Sevilla, de Triana, de Alcalá, de Lebrija... Entre1875
(época del Loco Mateo, La Serneta y Enrique El Mellizo) y 1915 (época
de Juaquiní y Joaquín de La Paula), se fue convirtiendo en cante grande
y solemne. En la actualidad, la soleá es un estilo de los más
practicados por los cantaores en festivales y recitales, dado que los
buenos aficionados de hoy valoran tanto sus dificultades
interpretativas como su diversidad de variantes.
Cante con copla de tres o cuatro versos octosílabos con rima consonante o asonante.
